sábado, 20 de octubre de 2012

Cómo superar la muerte de un ser querido


A partir de aquí, comienza otro camino por recorrer: El duelo Cada persona lo acepta de una manera, siendo cada proceso «personal e intransferible» ¿Cómo superarlo? «Haciéndote una idea clara de que la vida sigue»...
Cuando perdemos a un ser querido quizás no sepamos muy bien qué decir o qué hacer o cuáles serán nuestras reacciones. Por ello, debemos aprender el proceso de la muerte. Todo tiene su tiempo, su camino por recorrer y aquí empieza otro, el del duelo. 

Según Jaime Rodríguez Sacristán, psiquiatra oficial del Colegio de Médicos de Sevilla, en el proceso de duelo se dan unos sentimientos de tanta intensidad que puede llegar a convertirse en un estado de ánimo preocupante, si no se cuenta con el apoyo adecuado.

«El duelo ocurre como consecuencia de una pérdida importante, de una persona que se tiene, que se quiere y que se necesita. En este momento, la persona debe contar con el apoyo del entorno, de familiares, amigos y conocidos, para llegar a superarlo».

Cada año, en Venezuela, más de dos millones de personas experimentan la pérdida de un ser querido. La mayoría son capaces por sí mismas de afrontar ese sufrimiento asociado a su duelo. Pero hay entre un 10-20% de estas personas que acaba sufriendo un duelo complicado con trastornos de salud, de conducta, cognitivos y afectivos.

Manuel Reyes vivió hace ocho años la pérdida de su hija, cuando ésta tenía 19 años. Hoy es presidente de la asociación «Alma y Vida», (única asociación de apoyo al duelo registrada en Andalucía España) que nace en 2004 para prestar ayuda psicológica a todos aquellos padres que como él han perdido a sus hijos. «No hay un formato específico para llevar el duelo, pero estoy convencido de que si se acude a la asociación, se va a salir de ese proceso de forma más 'sana', ya que a través de nuestras reuniones quincenales compartes algo que creías que nunca te podía haber pasado en la vida, y que sin embargo, ahora te das cuenta de que pasa todos los días», señala.

«Como yo digo, estas reuniones son como La oficina de Consejería Pastoral», añade. En la asociación cuentan, además, con psicólogos especializados que colaboran de forma altruista y gratuitamente. Manuel, tras estos ocho años, es capaz de ver de nuevo los vídeos donde aparece su hija y reírse con ella, «con sus cosas», comenta.
En Psiquiatría sabemos que el duelo puede complicarse, llegando la persona incluso a perder el interés por la vida


Rodríguez Sacristán afirma que «lo primero que se debe saber es cómo es ese duelo, sus características o qué intensidad tiene, porque el trance puede llegar a ser tremendo. En Psiquiatría sabemos que la situación puede complicarse (duelo patológico), llegando la persona incluso a perder el interés por la vida. Esto es un proceso complicado», puntualiza. 

Etapas del duelo 

El duelo pasa por varias etapas, que cada uno afronta y sigue de acuerdo con su capacidad de aceptar la pérdida de ese ser querido. Al principio, cuesta aceptar la realidad, por lo que hay que distraerse, comenta Alba Payás, psicoterapeuta especializada en duelos con más de 20 años de experiencia en dicho campo. «Algunos pacientes tratan de negar la realidad también».

La persona pasa por emociones tales como furia, culpabilidad, llegando a la desolación, de las fases más complicadas, pues es donde se afronta definitivamente la pérdida. «La persona debe expresar el dolor. La idea realmente es que el duelo no la destruya», añade Payás. Era en Abril, un grupo de ayuda mutua para padres que perdieron a sus bebés durante el embarazo o después de nacer, señalan que la muerte puede llegar a ser «un golpe tan fuerte como una explosión».
Al principio, cuesta aceptar la realidad, por lo que hay que distraerse, comenta Alba Payás, psicoterapeuta


Duelos más dolorosos que otros
Todo proceso de duelo lleva consigo sentimientos de dolor, desgarro, tristeza... No obstante, cada duelo es diferente dependiendo de las circunstancias y de la propia persona que lo afronta. «Yo he conocido a personas que se han llevado dos años llorando todos los días por la muerte de un ser querido, por la ausencia», comenta Rodríguez Sacristán.

«No obstante, la pérdida de un hijo supone el trance más doloroso para alguien, y en eso estamos de acuerdo la mayoría de psiquiatras». «Recuerdo una persona que me decía: 'Lo único que le pido a Dios es que yo no muera antes que mi madre'. No se me ha olvidado».

«Se aprende a vivir con esa ausencia»
 

Hay numerosas historias que son un claro ejemplo de evolución en el proceso de duelo. Gemma Villacampa, por ejemplo, mamá de Hugo y Claudia. Perdió a Hugo hace tres años y medio tras un embarazo totalmente normal y a consecuencia de una negligencia médica probada. En su duelo perinatal afirma: «Con su muerte, muere todo lo que había soñado con él, toda esa vida ya pensada con él». A partir de esto, Gemma acudió a sesiones de terapia individualizadas donde podía expresar todo lo que sentía, «para saber que todo era normal y que no me estaba volviendo loca». «Yo sólo pido que se reconozca que ese bebé ha existido. Va a ser siempre mi primer hijo.
«Lo importante es hacerte una idea clara de que la vida sigue», añade Reyes

«Ahora tocaba otra vez aprender a vivir y a caminar por la vida, aunque he de decir que superar, no se supera nunca, sino que se aprende a vivir con esa ausencia», cuenta Gemma. «Todavía me encuentro desubicada y me pregunto, ¿cómo hubiera sido mi vida con Hugo?». La agrupación Petits amb llum, a la que pertenece Gemma, reúne a mamás que perdieron a sus hijos y que tienen la necesidad de contar su experiencia.

¿Cuál es la clave para superarlo? 

El duelo se supera, sí, pero dándose tiempo a uno mismo para afrontarlo. Según Payás, «hay que permitirse a uno mismo expresar su dolor y no tener miedo a compartirlo con los demás. Lo que se necesita es apoyo social y tiempo para poder compartir lo que sientes».

Una de las recomendaciones de Rodríguez Sacristán es recordar a esa persona, no tratar de olvidarla: «Algunas personas dicen 'la persona con la que yo he vivido la mantengo dentro de mí, viva o no viva ella, puedo tenerla dentro' y realmente eso es un ejercicio bonito, útil y muy recomendable».
Manuel Reyes añade que «lo importante es hacerte una idea clara de que la vida sigue. La vida no se acaba porque se murió tu hijo. Eso resulta muy fácil decirlo, pero muy complicado llevarlo a cabo». Para ello, el tiempo es la mejor medicina existente en estos casos.

Afrontar la muerte de un ser querido


La pérdida de un ser querido es uno de los acontecimientos más estresantes de la vida y puede producir una crisis emocional importante. Tras la muerte alguien que amas, experimentas una etapa dolor que recibe el nombre de duelo.
Puedes sentir una amplia gama de emociones, incluso cuando la muerte se esperaba. Muchas personas dicen experimentar una etapa inicial de entumecimiento emocional en la que apenas sienten nada tras conocer la noticia de la muerte, pero no existe un orden dado en el proceso del duelo. Algunas emociones que una persona puede sentir son las siguientes:

Negación
Incredulidad
Confusión
Chock
Tristeza
Añoranza
Rabia
Humillación
Desesperación
Culpa

Estas emociones son normales y comunes ante la pérdida. Puede que no estés preparado para la intensidad y la duración de estas emociones o la rapidez con que tu estado de ánimo puede cambiar. Puedes incluso comenzar a dudar sobre la estabilidad de tu salud mental. Pero ten presente que estas emociones son sanas y apropiadas y te ayudarán a afrontar tu pérdida.

Recuerda que asimilar completamente el impacto de una pérdida importante requiere su tiempo. Nunca dejarás de echar de menos a esa persona, pero el dolor disminuye con el tiempo y permite que continúes con tu vida.

El duelo y el dolor

No es fácil seguir adelante tras la muerte de una persona amada. El duelo es el proceso natural que atraviesas hasta aceptar una pérdida importante. Puede incluir las tradiciones religiosas que honran a los muertos o reuniones con los amigos y la familia para compartir la pérdida. El duelo es algo personal y puede durar meses o años.

La aflicción o dolor que sientes es la expresión exterior de tu pérdida. Este dolor puede expresarse física, emocional, y psicológicamente. Por ejemplo, llorar es una expresión física, mientras que la depresión es una expresión psicológica.

Es muy importante permitirse la expresión de estas emociones. A menudo, la muerte es un tema que se evita, se ignora o se niega su existencia. Al principio puede parecer útil distanciarse del dolor, pero no puedes evitar sentir el dolor durante mucho tiempo. Algún día esas emociones necesitarán ser resueltas o, de lo contrario, pueden llegar a causar una enfermedad física o emocional.

Síntomas físicos y reacciones emocionales

Muchas personas dicen sentir síntomas físicos que acompañan a la aflicción. Dolor de estómago, pérdida de apetito, trastornos intestinales, problemas de sueño y pérdida de energía son síntomas comunes tras la muerte del ser querido. De todos los acontecimientos estresantes de la vida, el duelo puede poner a prueba seriamente tus sistemas naturales de defensa. Las enfermedades existentes pueden empeorarse o pueden aparecer otras nuevas.

También pueden darse profundas reacciones emocionales. Estas reacciones incluyen ataques de ansiedad, fatiga crónica, depresión y pensamientos de suicidio. Una obsesión con la persona fallecida es también una reacción común ante la muerte.

Afrontar la pérdida

Afrontar una pérdida es siempre difícil. Tus reacciones se ven influenciadas por las circunstancias de la muerte, particularmente cuando es repentina o accidental, así como por tu relación con la persona fallecida.

La muerte de un niño despierta una sensación abrumadora de injusticia; por el potencial perdido, los sueños incumplidos y el sufrimiento sin sentido. Los padres pueden sentirse responsables de la muerte del niño, no importa lo irracional que esto pueda parecer. También pueden tener la sensación de que han perdido una parte vital de su propia identidad.

La muerte de un esposo o pareja es muy traumática. Además del choque emocional severo, la muerte puede causar una crisis financiera potencial si el esposo era la fuente principal de ingresos familiares. La muerte puede hacer necesario que se realicen ajustes sociales importantes y el esposo superviviente ha de ejercer la paternidad en solitario, ajustarse a una vida sin pareja y tal vez volver a trabajar si antes no lo hacía.

Los ancianos pueden ser especialmente vulnerables cuando pierden a su esposo porque significa perder toda una vida de experiencias compartidas. Además, la sensación de soledad puede intensificarse por la muerte de amigos cercanos.

Una pérdida debida al suicidio puede estar entre las pérdidas más difíciles de sobrellevar. Los supervivientes pueden quedarse con una enorme carga de culpabilidad, ira y vergüenza e incluso pueden sentirse responsables de la muerte. Es particularmente beneficioso y recomendable buscar asesoramiento psicológico durante las primeras semanas después del suicidio.

Vivir con el dolor

Hacer frente a la muerte es muy importante para tu salud mental. Es natural experimentar pena cuando una persona amada muere. Lo mejor que puedes hacer es permitirte sentir ese dolor todas las veces que sea necesario. Hay muchas maneras de afrontar el dolor eficazmente.

Busca a personas que se preocupan por ti. Busca familiares y amigos que pueden entender tus sentimientos de pérdida. Únete a grupos de ayuda con otras personas que estén experimentando pérdidas similares.

Expresa tus sentimientos. Dile a otros cómo te estás sintiendo; eso te ayudará a trabajar en el proceso del duelo.

Cuida tu salud. Mantén el contacto habitual con tu médico y asegúrate de comer bien y descansar todo lo necesario. Sé consciente del peligro de desarrollar una dependencia de fármacos o alcohol para intentar superar el dolor.

Acepta que la vida es para los vivos. Es duro comenzar a vivir otra vez en el presente y no detenerse en el pasado pero es importante intentarlo.

Pospón los cambios importantes en tu vida. Intenta no realizar ningún cambio importante, como mudarte a otra casa, empezar otra relación, o tener otro hijo. Debes darte tiempo para adaptarte a tu pérdida y no tomar decisiones que supongan una huida y te impidan llevar a cabo el proceso normal de duelo, pues sólo lograrás tener temas pendientes y sin superar que te impedirán tener éxito en dichos cambios.

Sé paciente. Puede llevar meses o incluso años superar una pérdida importante y aceptar tu nueva vida sin esa persona.

Busca ayuda. Si el proceso de duelo se prolonga demasiado o te resulta muy difícil de soportar, busca la ayuda de un psicólogo para trabajar juntos en el dolor. Ten presente que el objetivo no es que olvides a esa persona sino que aprendas a recordarla, revivir los buenos momentos y experimentar el amor que sentiste (y que puedes seguir sintiendo toda tu vida) sin que eso te cause un sufrimiento intenso o una depresión.

No olvides que estas emociones tan dolorosas e intensas que ahora parece que no terminarán nunca, se acaban transformando y que tú puedes contribuir a transformarlas cuando te sientas preparado. Tal vez nunca dejes de echar de menos a esa persona y su recuerdo forme parte de ti para siempre, pero poco a poco puedes hacer que deje de ser un recuerdo desgarrador para convertirse en un recuerdo en el que predomine más el amor que sentiste hacia esa persona y lo que te aportó, que el dolor de su pérdida.

Ayudar a otros tras su pérdida

Si alguien que te importa ha perdido a un ser querido, puedes ayudarle del siguiente modo:

Comparte su dolor. Permítele e incluso anímale a que hable de sus sentimientos de pérdida y a compartir recuerdos de la persona fallecida.

No ofrezcas un falso consuelo. No sirve de ayuda decirle que "es mejor así" o que "lo superarás con el tiempo" porque en ese momento, cuando la muerte es aún reciente, lo que esa persona desea y necesita no es "superarlo" sino sentir el dolor. En lugar de eso, muestra tu empatía y dolor por su pérdida y escucha con atención lo que quiera compartir contigo.

Ofrece ayuda práctica. Ayudar con el cuidado de los niños, cocinar, hacer recados, etc., son también modos de ayudar alguien que está en un proceso de duelo.

Ten paciencia. Recuerda que puede llevar bastante tiempo recuperarse de una pérdida importante. Muéstrate disponible para hablar.

Anima a esta persona a buscar ayuda profesional cuando lo consideres necesario.

Ayudar a los niños a vivir el duelo

Los niños pueden vivir el duelo de un modo diferente a los adultos. La muerte de un padre o madre puede ser particularmente difícil para los niños pequeños, viéndose afectada su sensación de seguridad o supervivencia. A menudo, se sienten confundidos sobre los cambios que ven ocurrir alrededor de ellos, particularmente si los adultos intentan protegerlos contra la verdad o contra las muestras de dolor del padre o madre superviviente.

La comprensión limitada y la incapacidad de expresar sentimientos ponen a los niños más pequeños en una situación de desventaja. Los niños pequeños pueden volver a mostrar comportamientos típicos de edades anteriores (como orinarse en la cama), hacen preguntas acerca de la persona fallecida que parecen insensibles, inventan juegos sobre la muerte o fingen que nunca sucedió.

Afrontar el dolor de un niño supone un estrés añadido en un padre o madre que está también en proceso de duelo. Sin embargo, los arrebatos de ira o la crítica sólo sirven para profundizar la ansiedad de los niños y retrasan la recuperación. En lugar de eso, habla honestamente con los niños, en términos que puedan entender, y diles la verdad de lo que deseen saber.

Habla con ellos sobre la muerte y la persona que ha muerto y ayúdales a trabajar con sus sentimientos. Ten presente también que pueden estar teniendo creencias irracionales, como creerse culpables de lo sucedido, creer que otros miembros de su familia morirán también, pensar que ellos mismos van a morir, etc. Habla con ellos y explícales que esas ideas no son ciertas.

Como Pastor te aconsejo, que como Cristianos, nos apoyemos en Dios para superar la pérdida de un ser querido. La Biblia Nos Dice: Ts 4:13 -16 NTV. Y ahora, amados hermanos, queremos que sepan lo que sucederá con los creyentes que han muerto,* para que no se entristezcan como los que no tienen esperanza.  Pues, ya que creemos que Jesús murió y resucitó, también creemos que cuando Jesús vuelva, Dios traerá junto con él a los creyentes que hayan muerto.   Les decimos lo siguiente de parte del Señor: nosotros, los que todavía estemos vivos cuando el Señor regrese, no nos encontraremos con él antes de los que ya hayan muerto.   Pues el Señor mismo descenderá del cielo con un grito de mando, con voz de arcángel y con el llamado de trompeta de Dios. Primero, los cristianos que hayan muerto* se levantarán de sus tumbas.


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