viernes, 11 de mayo de 2012

LOS NIÑOS Y LOS QUEHACERES



En clave de juego, Jugando se aprende.

Ante todo, debemos tener en cuenta que si queremos que nuestro hijo se comporte como a nosotros nos gusta, necesita sentir seguridad en sí mismo. Es imprescindible que se sienta querido y que mantenga lazos estables con las personas que le rodean. Este "colchón", formado por los padres, la familia o las personas que conviven con él, proporciona al niño la tranquilidad necesaria para desarrollar su educación ética. Por eso se dice que la educación de valores empieza a partir de nuestro nacimiento.
En la etapa preescolar, lo mejor es que nuestro hijo se implique cuanto antes en las tareas domésticas. Aunque para nosotros, en ocasiones, parte de este trabajo resulta una carga que realizamos casi por obligación, para los niños pequeños puede resultar algo bien distinto. Lo entienden en clave de juego. Todos los trabajos que hacen papá y mamá parecen divertidos, y eso tenemos que aprovecharlo antes de que empiecen a distinguir claramente entre juego y trabajo (cuando empiezan la escuela ya aprenden la diferencia entre ambos términos y suelen perder todo interés por ayudar en casa). Podemos empezar adjudicando pequeñas tareas, siempre adecuadas a su edad. Se trata de implicar al niño poco a poco, sin atender al resultado y sí al proceso: por ejemplo, si nuestro hijo tiene cuatro años, debemos mostrarnos muy satisfechos si por la mañana recoge su pijama, en vez de dejarlo tirado en el suelo, y 'cubre' su cama aunque la sabana asome por debajo de una colcha retorcida…
Pequeñas tareas para cada edad
A los niños que empiezan a caminar, les encanta recoger objetos. De ti depende que tu hijo dirija esta habilidad, nueva para él y por tanto excitante, hacia la forma más conveniente. Cuando acabe de jugar con sus juguetes, coloca una caja, un baúl o una bolsa cerca del niño y anímalo a guardar todos los trastos en el interior del recipiente. Cuando acabe, felicítalo por lo bien que lo ha hecho. De esta manera se acostumbrará a hacerlo sin darse cuenta, ya que para él recoger formará parte de la actividad lúdica que haya llevado a cabo.
Con dos años ya querrá colaborar en tareas domésticas. Quiere ser como papá y mamá y hacer lo mismo que ellos. Empieza la fase de imitación. Al principio podemos permitir que ayude en aquello que le gusta. No veas estas colaboraciones (tal vez un tanto desastrosas) como un problema. Él disfrutará mucho y se sentirá muy útil ayudándote. Déjale, por ejemplo, el trapo del polvo o la bayeta para que limpie.
Alrededor de los tres años ya puede llevar y traer su vaso y sus cubiertos de la mesa. Y a los cuatro ya es capaz de ponerla sin ayuda. A esta edad, el niño ya estará escolarizado y, por tanto, cambiará su percepción de la realidad. Ayudar dejará de ser un juego para convertirse en un trabajo. Durante unos años es probable que el niño se muestre rebelde ante nuestros intentos de que asuma una tarea doméstica. Hay que tener paciencia. Seguramente también entrarán en escena otros elementos, como un hermano pequeño ("¿por qué tengo que poner la mesa si él no hace nada?") y el ansia de independencia, que lo llevará a rechazar cualquier propuesta paterna o materna relacionada con el trabajo y la colaboración. De todas maneras, es conveniente que le adjudiquemos una pequeña tarea, simple y concreta, que deba cumplir sin ayuda de manera más o menos habitual. Un trabajo que, si él no hace, nadie hará por él. Aunque al principio se niegue a llevarlo a cabo, piensa que si desde pequeño le hemos inculcado la idea de ayudar a los demás, y si persistimos en ello, acabará responsabilizándose de lo que le hemos encargado.
Compartir y repartir. Tareas en casa. Aprender a colaborar.
La familia ha sufrido una gran transformación en todos los aspectos: composición, roles de los componentes que la integran, etc. Hay modelos de familia distintos a los que estábamos acostumbrados a ver a nuestro alrededor. Y los roles han evolucionado a favor de la mujer.
Ahora la colaboración en la casa es tarea de todos y no solo de las mujeres y su pareja, sino de todos los que componen la unidad familiar.
Hay que enseñar a los niños, desde pequeñitos, que las tareas de la casa no tienen sexo. Cualquiera puede hacer una cama, recoger la mesa o lavar los platos. Cualquier tipo de tarea, bien sea doméstica o no, no debe ser asignada en razón al sexo. Si enseñamos esto desde pequeños a los niños lograremos empezar a realizar un cambio tan necesario en nuestra sociedad.
Muchos padres requieren que los niños hagan quehaceres en la casa. Para algunas familias, el proceso de enseñar a los niños lo que deben de hacer y como lo deben de hacer no es fácil. En otras familias, hacer que los niños preformen quehaceres regular y completamente puede ser un problema.
Es buena idea que los padres enseñen a sus hijos desde temprana edad, que todos los miembros de la familia deben trabajar juntos para que el hogar funcione, y que cada persona debe cooperar con su parte del trabajo. Esto se puede lograr estableciendo un programa  de tareas y responsabilidades cuando los niños aún están pequeños.  Los quehaceres benefician a los niños – aún a los más pequeños. Ser responsables por sus tareas enseña a los niños habilidades importantes como cooperación y responsabilidad. Los quehaceres también enseñan a los niños sobre la equidad y la obligación. Las habilidades y los valores aprendidos al hacer tareas en la casa beneficiarán al niño toda su vida.
Entre las tareas que podemos enseñar a nuestros pequeños, poco a poco, podemos citar algunas:
1.    Orden en el cuarto: ordenar los juguetes y demás trastos que pueda haber en su habitación. Enseñarle a tener en orden la habitación una vez que ha terminado de jugar. Si es un poco más mayor, enseñarle a tener ordenada también su ropa, sus libros, sus zapatos, etc.
2. Hacer la cama. Siempre antes de irse a la escuela, hay que enseñarles a dejar la cama hecha y arreglada.
3.  Recoger siempre después de cada comida (desayuno, almuerzo, merienda, cena, etc.). Hay dejar el plato, el vaso, los cubiertos, etc. en el fregadero (o donde se les diga que lo dejen).
4.  Colaborar en algún tipo de tarea simple (dependiendo de la edad) en la limpieza de la casa (barrer, limpiar cristales, etc.).
5.   Recados. Hay que colaborar haciendo los recados que nos pidan: ir al supermercado, a la mercería, etc.
6.  Mascotas. El cuidado de las mascotas debe ser responsabilidad del dueño de la mascota. Si la mascota es familiar, entonces habrá que hacer un calendario o esquema para repartirse las tareas que tengan que ver con la mascota (comida, paseo, aseo, etc.).
7.  Pinche de cocina. (Ayudante de Cocina) Algunas veces puede ser necesaria la ayuda en la cocina. Habrá que darles tareas poco peligrosas y sencillas; la cocina es una fuente de peligros.
8.   Negocio. Hay ocasiones, en las que la familia tiene un pequeño negocio. Tampoco es descabellado pensar en asignarle alguna tarea en determinadas épocas del año donde el incremento de trabajo es notable (vacaciones de verano, fechas navideñas, etc.). Siempre le ayudará a tomar conciencia de lo que valen las cosas y lo que cuesta ganarlas.

Qué Hacer

1. Empiece temprano. Los padres deben empezar a dar responsabilidades de la casa a sus hijos desde que están chicos. A la mayoría de niños les gusta ayudar a sus padres. Estos deben aprovechar este deseo y darle a sus niños cosas simples que hacer. Conforme los niños crecen, se les puede dar trabajos más difíciles. 
2. Muestre  como  se  hace  el  trabajo. Los niños necesitan saber exactamente lo que se espera de ellos. Por consiguiente es buena idea que los padres se aseguren de que sus hijos sepan lo que tienen que hacer. Los padres deben revisar cuidadosamente las tareas, y deben mostrarles a los niños como se hacen las cosas. Puede ser una buena idea anotar y mostrar las tareas que forman parte de un simple trabajo, para que los niños se basen a ellos. Al principio, los padres deben observar a sus hijos para asegurarse de que todo funcione bien. Los padres pueden reducir sus observaciones una vez que los niños sepan como hacer las cosas.

3. Enseñe a sus niños un trabajo a la vez. Es probablemente una buena idea que los padres enseñen a sus hijos como hacer una cosa, y luego asegurarse de que la hagan correcta y constantemente, antes de enseñarles otras cosas. A los niños más chicos se les puede confundir si se les requiere que hagan muchas cosas a la vez.
4. Divida las tareas en partes pequeñas. Cuando les enseñen a los niños como hacer algo, los padres deben dividir los trabajos en partes pequeñas. Por ejemplo, en lugar de  pedirle  al  niño  que  limpie  su  cuarto  y dejarlo así, los padres pueden hacer una lista de todas las cosas que forman parte de esta tarea, por ejemplo, para limpiar la habitación, se necesita cambiar las sábanas, recoger los juguetes y guardarlos, limpiar el aparador, y aspirar. Los padres deben luego mostrar a sus hijos como hacer correctamente cada parte del trabajo.  
5. Explique. Los niños deben saber porqué ayudar es importante. Los padres deben explicarles que haciendo quehaceres en la casa beneficia a la familia entera, y que cada persona debe poner lo que esté de su parte para que las cosas funcionen bien. 
6. Cambie el tipo de tareas conforme los niños crecen.  A medida que los niños crecen, se les pueden dar tareas más difíciles. La mayoría de los padres se pueden dar una idea de lo que los niños pueden hacer. Por consiguiente, los padres deben asegurarse de que las tareas que les dan a sus hijos, sean apropiadas para le edad y la habilidad de los niños.  
7. Observe al principio.  Al principio, los padres deben asegurarse de estar disponibles para contestar preguntas y ofrecer apoyo si sus niños necesitan. Al principio, los padres pueden inspeccionar el trabajo de sus hijos para asegurarse de que el trabajo se  haga correctamente. Entre más pequeños sean los niños, necesitan más supervisión. Una vez que los niños estén acostumbrados a hacer las cosas, los padres pueden reducir las observaciones e inspecciones.  A los niños mayores se les pueden dar la responsabilidad de terminar sus trabajos. 
8. Establezca un sistema de puntos o una gráfica.  Si los padres tienen problema haciendo que sus hijos hagan las cosas o que las hagan bien, un sistema de puntos o una gráfica pueden ayudar para que el niño coopere. Las guías generales incluyen hacer una lista de los requerimientos para que las tareas se completen con éxito. Luego, una gráfica se puede mostrar en un lugar prominente en la casa.  Los padres, o los niños si tienen edad suficiente, pueden marcar la gráfica cuando completen un trabajo. Los padres pueden ya sea dar puntos que se puedan cambiar por un premio, o pueden simplemente otorgar un premio por cada tarea cumplida. Finalmente, los padres y los hijos pueden decidir qué tipo de premio debe otorgarse. En lugar de cosas materiales, como juguetes o golosinas, es mejor obsequiar cosas como un paseo al parque con papá y mamá, o permiso para que  se  vaya  a  la  cama    media  hora  mas tarde. Los premios deben darse diaria o semanalmente. Para niños más pequeños, es mejor dar premios diarios. Para los mas crecidos, se pueden dar semanalmente. Una vez que los niños haces sus tareas de manera constante, el sistema de puntos/o
gráfica debe descontinuarse.
9. Establezca consecuencias lógicas. En lugar o además de un sistema de puntos o gráficas, los padres pueden establecer consecuencias lógicas. Estas consecuencias son el resultado de las acciones del niño. Por ejemplo, si el niño se olvida constantemente de guardar su bicicleta al final del día, la consecuencia lógica sería no permitir que el niño use la bicicleta por unos días. Por otra parte, la consecuencia lógica para un niño que trabaja duro y completa sus tareas, sería  premiarlo con tiempo de juego extra. Padres e hijos deben discutir las consecuencias por adelantado. Los padres deben siempre hacer que las consecuencias se cumplan, sean negativas o positivas. 
10. No les recuerde o fastidia demasiado. Los padres deben tratar de evitar caer en la trampa de tener que repetir y/o fastidiar a sus hijos para que terminen sus tareas. Esto pone la responsabilidad para completar las tareas en los padres. En cambio, los padres deben asegurarse de hacer a sus hijos responsables por completar las tareas. Si el niño olvida o se niega a hacer una tarea, los padres no deben decir nada, simplemente aplicar las consecuencias. 
11. No haga el trabajo si el niño olvida o se niega a hacerlo.  Los padres no deberían hacer el trabajo por los niños. Si los padres están frustrados y se someten
y hacen los quehaceres de los niños, los niños aprenderán varias cosas. Primero que nada, los niños van a aprender que los padres no hacen que su palabra se cumpla y no hacen cumplir sus órdenes. En segundo lugar, Los niños aprenderán que si se esperan alguien más hará sus tareas. Los padres deben simplemente aplicar las consecuencias hasta que sus niños cumplan  con sus tareas.
12. Deles muchos elogios. Los padres deben siempre ofrecer muchos elogios y ayuda a los niños que se esfuerzan en hacer sus trabajos. Los padres deben mantener los elogios, aún después de que los niños hagan bien sus tareas de manera constante.


Cómo fomentar la responsabilidad en los niños
Una de las tareas más importantes dentro de la formación de nuestros hijos es la de enseñarles a hacer responsables. Este valor se debe inculcar desde que los niños son pequeños y no cuando empieza a tener problemas con ellos porque no ayudan en las tareas de la casa ni tampoco cumplen con sus obligaciones personales.
Para lograr que los niños comprendan y pongan en práctica el sentido de responsabilidad, se requiere de información, orientación, paciencia, constancia, confianza; permitiéndole que participe en la toma de decisiones, darle oportunidad de asumir el resultado de sus acciones, comprender los fracasos y limitaciones y elogiar sus logros.
Todo esto, haciéndole saber que cuenta con el afecto y apoyo incondicional de su padre y madre, pero también no debe de olvidar un aspecto esencial, enseñarle con el ejemplo; es más fácil que el niño aprenda este valor si sus padres los practican constantemente.
La colaboración y asumir de todo tipo de tareas, además de educar al niño, le ayuda a tomar conciencia del sentido de la responsabilidad. El niño tendrá una mayor autoestima y una mayor capacidad de independencia, en un futuro. Y si desde niño lo hace, tendrá un sentido menos "machista" que los educados en la filosofía de que las cosas de casa son cosas de mujeres.

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