viernes, 11 de mayo de 2012

LOS NIÑOS Y LOS QUEHACERES



En clave de juego, Jugando se aprende.

Ante todo, debemos tener en cuenta que si queremos que nuestro hijo se comporte como a nosotros nos gusta, necesita sentir seguridad en sí mismo. Es imprescindible que se sienta querido y que mantenga lazos estables con las personas que le rodean. Este "colchón", formado por los padres, la familia o las personas que conviven con él, proporciona al niño la tranquilidad necesaria para desarrollar su educación ética. Por eso se dice que la educación de valores empieza a partir de nuestro nacimiento.
En la etapa preescolar, lo mejor es que nuestro hijo se implique cuanto antes en las tareas domésticas. Aunque para nosotros, en ocasiones, parte de este trabajo resulta una carga que realizamos casi por obligación, para los niños pequeños puede resultar algo bien distinto. Lo entienden en clave de juego. Todos los trabajos que hacen papá y mamá parecen divertidos, y eso tenemos que aprovecharlo antes de que empiecen a distinguir claramente entre juego y trabajo (cuando empiezan la escuela ya aprenden la diferencia entre ambos términos y suelen perder todo interés por ayudar en casa). Podemos empezar adjudicando pequeñas tareas, siempre adecuadas a su edad. Se trata de implicar al niño poco a poco, sin atender al resultado y sí al proceso: por ejemplo, si nuestro hijo tiene cuatro años, debemos mostrarnos muy satisfechos si por la mañana recoge su pijama, en vez de dejarlo tirado en el suelo, y 'cubre' su cama aunque la sabana asome por debajo de una colcha retorcida…
Pequeñas tareas para cada edad
A los niños que empiezan a caminar, les encanta recoger objetos. De ti depende que tu hijo dirija esta habilidad, nueva para él y por tanto excitante, hacia la forma más conveniente. Cuando acabe de jugar con sus juguetes, coloca una caja, un baúl o una bolsa cerca del niño y anímalo a guardar todos los trastos en el interior del recipiente. Cuando acabe, felicítalo por lo bien que lo ha hecho. De esta manera se acostumbrará a hacerlo sin darse cuenta, ya que para él recoger formará parte de la actividad lúdica que haya llevado a cabo.
Con dos años ya querrá colaborar en tareas domésticas. Quiere ser como papá y mamá y hacer lo mismo que ellos. Empieza la fase de imitación. Al principio podemos permitir que ayude en aquello que le gusta. No veas estas colaboraciones (tal vez un tanto desastrosas) como un problema. Él disfrutará mucho y se sentirá muy útil ayudándote. Déjale, por ejemplo, el trapo del polvo o la bayeta para que limpie.
Alrededor de los tres años ya puede llevar y traer su vaso y sus cubiertos de la mesa. Y a los cuatro ya es capaz de ponerla sin ayuda. A esta edad, el niño ya estará escolarizado y, por tanto, cambiará su percepción de la realidad. Ayudar dejará de ser un juego para convertirse en un trabajo. Durante unos años es probable que el niño se muestre rebelde ante nuestros intentos de que asuma una tarea doméstica. Hay que tener paciencia. Seguramente también entrarán en escena otros elementos, como un hermano pequeño ("¿por qué tengo que poner la mesa si él no hace nada?") y el ansia de independencia, que lo llevará a rechazar cualquier propuesta paterna o materna relacionada con el trabajo y la colaboración. De todas maneras, es conveniente que le adjudiquemos una pequeña tarea, simple y concreta, que deba cumplir sin ayuda de manera más o menos habitual. Un trabajo que, si él no hace, nadie hará por él. Aunque al principio se niegue a llevarlo a cabo, piensa que si desde pequeño le hemos inculcado la idea de ayudar a los demás, y si persistimos en ello, acabará responsabilizándose de lo que le hemos encargado.
Compartir y repartir. Tareas en casa. Aprender a colaborar.
La familia ha sufrido una gran transformación en todos los aspectos: composición, roles de los componentes que la integran, etc. Hay modelos de familia distintos a los que estábamos acostumbrados a ver a nuestro alrededor. Y los roles han evolucionado a favor de la mujer.
Ahora la colaboración en la casa es tarea de todos y no solo de las mujeres y su pareja, sino de todos los que componen la unidad familiar.
Hay que enseñar a los niños, desde pequeñitos, que las tareas de la casa no tienen sexo. Cualquiera puede hacer una cama, recoger la mesa o lavar los platos. Cualquier tipo de tarea, bien sea doméstica o no, no debe ser asignada en razón al sexo. Si enseñamos esto desde pequeños a los niños lograremos empezar a realizar un cambio tan necesario en nuestra sociedad.
Muchos padres requieren que los niños hagan quehaceres en la casa. Para algunas familias, el proceso de enseñar a los niños lo que deben de hacer y como lo deben de hacer no es fácil. En otras familias, hacer que los niños preformen quehaceres regular y completamente puede ser un problema.
Es buena idea que los padres enseñen a sus hijos desde temprana edad, que todos los miembros de la familia deben trabajar juntos para que el hogar funcione, y que cada persona debe cooperar con su parte del trabajo. Esto se puede lograr estableciendo un programa  de tareas y responsabilidades cuando los niños aún están pequeños.  Los quehaceres benefician a los niños – aún a los más pequeños. Ser responsables por sus tareas enseña a los niños habilidades importantes como cooperación y responsabilidad. Los quehaceres también enseñan a los niños sobre la equidad y la obligación. Las habilidades y los valores aprendidos al hacer tareas en la casa beneficiarán al niño toda su vida.
Entre las tareas que podemos enseñar a nuestros pequeños, poco a poco, podemos citar algunas:
1.    Orden en el cuarto: ordenar los juguetes y demás trastos que pueda haber en su habitación. Enseñarle a tener en orden la habitación una vez que ha terminado de jugar. Si es un poco más mayor, enseñarle a tener ordenada también su ropa, sus libros, sus zapatos, etc.
2. Hacer la cama. Siempre antes de irse a la escuela, hay que enseñarles a dejar la cama hecha y arreglada.
3.  Recoger siempre después de cada comida (desayuno, almuerzo, merienda, cena, etc.). Hay dejar el plato, el vaso, los cubiertos, etc. en el fregadero (o donde se les diga que lo dejen).
4.  Colaborar en algún tipo de tarea simple (dependiendo de la edad) en la limpieza de la casa (barrer, limpiar cristales, etc.).
5.   Recados. Hay que colaborar haciendo los recados que nos pidan: ir al supermercado, a la mercería, etc.
6.  Mascotas. El cuidado de las mascotas debe ser responsabilidad del dueño de la mascota. Si la mascota es familiar, entonces habrá que hacer un calendario o esquema para repartirse las tareas que tengan que ver con la mascota (comida, paseo, aseo, etc.).
7.  Pinche de cocina. (Ayudante de Cocina) Algunas veces puede ser necesaria la ayuda en la cocina. Habrá que darles tareas poco peligrosas y sencillas; la cocina es una fuente de peligros.
8.   Negocio. Hay ocasiones, en las que la familia tiene un pequeño negocio. Tampoco es descabellado pensar en asignarle alguna tarea en determinadas épocas del año donde el incremento de trabajo es notable (vacaciones de verano, fechas navideñas, etc.). Siempre le ayudará a tomar conciencia de lo que valen las cosas y lo que cuesta ganarlas.

Qué Hacer

1. Empiece temprano. Los padres deben empezar a dar responsabilidades de la casa a sus hijos desde que están chicos. A la mayoría de niños les gusta ayudar a sus padres. Estos deben aprovechar este deseo y darle a sus niños cosas simples que hacer. Conforme los niños crecen, se les puede dar trabajos más difíciles. 
2. Muestre  como  se  hace  el  trabajo. Los niños necesitan saber exactamente lo que se espera de ellos. Por consiguiente es buena idea que los padres se aseguren de que sus hijos sepan lo que tienen que hacer. Los padres deben revisar cuidadosamente las tareas, y deben mostrarles a los niños como se hacen las cosas. Puede ser una buena idea anotar y mostrar las tareas que forman parte de un simple trabajo, para que los niños se basen a ellos. Al principio, los padres deben observar a sus hijos para asegurarse de que todo funcione bien. Los padres pueden reducir sus observaciones una vez que los niños sepan como hacer las cosas.

3. Enseñe a sus niños un trabajo a la vez. Es probablemente una buena idea que los padres enseñen a sus hijos como hacer una cosa, y luego asegurarse de que la hagan correcta y constantemente, antes de enseñarles otras cosas. A los niños más chicos se les puede confundir si se les requiere que hagan muchas cosas a la vez.
4. Divida las tareas en partes pequeñas. Cuando les enseñen a los niños como hacer algo, los padres deben dividir los trabajos en partes pequeñas. Por ejemplo, en lugar de  pedirle  al  niño  que  limpie  su  cuarto  y dejarlo así, los padres pueden hacer una lista de todas las cosas que forman parte de esta tarea, por ejemplo, para limpiar la habitación, se necesita cambiar las sábanas, recoger los juguetes y guardarlos, limpiar el aparador, y aspirar. Los padres deben luego mostrar a sus hijos como hacer correctamente cada parte del trabajo.  
5. Explique. Los niños deben saber porqué ayudar es importante. Los padres deben explicarles que haciendo quehaceres en la casa beneficia a la familia entera, y que cada persona debe poner lo que esté de su parte para que las cosas funcionen bien. 
6. Cambie el tipo de tareas conforme los niños crecen.  A medida que los niños crecen, se les pueden dar tareas más difíciles. La mayoría de los padres se pueden dar una idea de lo que los niños pueden hacer. Por consiguiente, los padres deben asegurarse de que las tareas que les dan a sus hijos, sean apropiadas para le edad y la habilidad de los niños.  
7. Observe al principio.  Al principio, los padres deben asegurarse de estar disponibles para contestar preguntas y ofrecer apoyo si sus niños necesitan. Al principio, los padres pueden inspeccionar el trabajo de sus hijos para asegurarse de que el trabajo se  haga correctamente. Entre más pequeños sean los niños, necesitan más supervisión. Una vez que los niños estén acostumbrados a hacer las cosas, los padres pueden reducir las observaciones e inspecciones.  A los niños mayores se les pueden dar la responsabilidad de terminar sus trabajos. 
8. Establezca un sistema de puntos o una gráfica.  Si los padres tienen problema haciendo que sus hijos hagan las cosas o que las hagan bien, un sistema de puntos o una gráfica pueden ayudar para que el niño coopere. Las guías generales incluyen hacer una lista de los requerimientos para que las tareas se completen con éxito. Luego, una gráfica se puede mostrar en un lugar prominente en la casa.  Los padres, o los niños si tienen edad suficiente, pueden marcar la gráfica cuando completen un trabajo. Los padres pueden ya sea dar puntos que se puedan cambiar por un premio, o pueden simplemente otorgar un premio por cada tarea cumplida. Finalmente, los padres y los hijos pueden decidir qué tipo de premio debe otorgarse. En lugar de cosas materiales, como juguetes o golosinas, es mejor obsequiar cosas como un paseo al parque con papá y mamá, o permiso para que  se  vaya  a  la  cama    media  hora  mas tarde. Los premios deben darse diaria o semanalmente. Para niños más pequeños, es mejor dar premios diarios. Para los mas crecidos, se pueden dar semanalmente. Una vez que los niños haces sus tareas de manera constante, el sistema de puntos/o
gráfica debe descontinuarse.
9. Establezca consecuencias lógicas. En lugar o además de un sistema de puntos o gráficas, los padres pueden establecer consecuencias lógicas. Estas consecuencias son el resultado de las acciones del niño. Por ejemplo, si el niño se olvida constantemente de guardar su bicicleta al final del día, la consecuencia lógica sería no permitir que el niño use la bicicleta por unos días. Por otra parte, la consecuencia lógica para un niño que trabaja duro y completa sus tareas, sería  premiarlo con tiempo de juego extra. Padres e hijos deben discutir las consecuencias por adelantado. Los padres deben siempre hacer que las consecuencias se cumplan, sean negativas o positivas. 
10. No les recuerde o fastidia demasiado. Los padres deben tratar de evitar caer en la trampa de tener que repetir y/o fastidiar a sus hijos para que terminen sus tareas. Esto pone la responsabilidad para completar las tareas en los padres. En cambio, los padres deben asegurarse de hacer a sus hijos responsables por completar las tareas. Si el niño olvida o se niega a hacer una tarea, los padres no deben decir nada, simplemente aplicar las consecuencias. 
11. No haga el trabajo si el niño olvida o se niega a hacerlo.  Los padres no deberían hacer el trabajo por los niños. Si los padres están frustrados y se someten
y hacen los quehaceres de los niños, los niños aprenderán varias cosas. Primero que nada, los niños van a aprender que los padres no hacen que su palabra se cumpla y no hacen cumplir sus órdenes. En segundo lugar, Los niños aprenderán que si se esperan alguien más hará sus tareas. Los padres deben simplemente aplicar las consecuencias hasta que sus niños cumplan  con sus tareas.
12. Deles muchos elogios. Los padres deben siempre ofrecer muchos elogios y ayuda a los niños que se esfuerzan en hacer sus trabajos. Los padres deben mantener los elogios, aún después de que los niños hagan bien sus tareas de manera constante.


Cómo fomentar la responsabilidad en los niños
Una de las tareas más importantes dentro de la formación de nuestros hijos es la de enseñarles a hacer responsables. Este valor se debe inculcar desde que los niños son pequeños y no cuando empieza a tener problemas con ellos porque no ayudan en las tareas de la casa ni tampoco cumplen con sus obligaciones personales.
Para lograr que los niños comprendan y pongan en práctica el sentido de responsabilidad, se requiere de información, orientación, paciencia, constancia, confianza; permitiéndole que participe en la toma de decisiones, darle oportunidad de asumir el resultado de sus acciones, comprender los fracasos y limitaciones y elogiar sus logros.
Todo esto, haciéndole saber que cuenta con el afecto y apoyo incondicional de su padre y madre, pero también no debe de olvidar un aspecto esencial, enseñarle con el ejemplo; es más fácil que el niño aprenda este valor si sus padres los practican constantemente.
La colaboración y asumir de todo tipo de tareas, además de educar al niño, le ayuda a tomar conciencia del sentido de la responsabilidad. El niño tendrá una mayor autoestima y una mayor capacidad de independencia, en un futuro. Y si desde niño lo hace, tendrá un sentido menos "machista" que los educados en la filosofía de que las cosas de casa son cosas de mujeres.

sábado, 21 de abril de 2012

CÓMO HACER PARA QUE LOS NIÑOS PEQUEÑOS SE VAYAN A LA CAMA

CÓMO HACER PARA QUE LOS NIÑOS PEQUEÑOS SE VAYAN A LA CAMA
El hábito de dormir
Los niños necesitan adquirir hábitos. Les sirve para su desarrollo, su salud física y mental. Uno de esos hábitos es el sueño. La mayoría de los padres ayuda a sus hijos a que esto ocurra en forma normal, pero hay distorsiones bastante frecuentes. La principal es el horario. Los adultos no deben acomodar el horario de los hijos al de ellos, sino que deben respetar el ritmo de los niños.

¿Qué hacer cuando su hijo no quiere ir a dormir?
Muchos niños son felices durante todo el día, ríen, cantan, juegan, etc., pero cuando llega la hora de dormir, se trastoca el ambiente familiar.
Entonces, estos mismos niños lloran, gritan y patean, todo con el fin de no dormir a la hora designada por sus padres sino a la hora que quieren.
Ante esta situación, los padres, usualmente, se sienten frustrados al no saber qué hacer para que sus hijos se vayan a dormir temprano.
Es importante que el niño, de acuerdo con su edad, duerma las horas suficientes, ya que, en caso contrario, son más irritables, inquietos y tienen menor capacidad de aprender y memorizar. En pocas palabras pueden volverse hiperactivos. Entonces, ¿Qué se puede hacer al respecto?
Un  problema  al  que  muchos  padres  se enfrentan es la dificultad en hacer que sus niños se vayan a la cama. Ciertos niños se resisten a acostarse, mientras que otros se van a la cama pero duran mucho en dormirse. Si estos problemas se convierten crónicos, puede ser muy frustrante para los padres. Se ha comprobado que el  programa que se ofrece a continuación ha sido efectivo para familias con estos problemas. 
1. Seleccione una hora temporal para acostarse basada en la hora a la cual su niño se duerme normalmente.  Por ejemplo, si Ud. acuesta a su niño a la 8:00 p.m.  pero  el  no  se  duerme  hasta  las  9:30 p.m., cambie la hora temporalmente a las 9:30 p.m.
2. Establezca una rutina para acostarse que tome aproximadamente 20 minutos para completarse.  Esta rutina debe incluir de cuatro a siete actividades que no son físicamente estimulantes (ej.: no juegos pesados). Estas actividades pueden incluir cosas como un bocadillo ligero, un baño, un cuento, un abrazo de buenas noches, etc. El intercambio con su niño durante estas actividades debe ser muy positivo. 
3. Empiece la rutina aproximadamente 20 minutos antes de la hora temporal de acostarse. Siga la rutina cada noche con las actividades exactamente en el mismo orden. La constancia es importante. 
4. Cuando la rutina se ha completado, acueste a su niño y deje el cuarto. Es muy importante que su niño esté despierto cuando lo acuesta. Su niño debe aprender a dormirse por si mismo.
5. Ignore el llanto o las protestas de su niño cuando Ud. lo acuesta.  Usted puede ir brevemente a su cuarto después de cinco minutos (por un minuto) a chequear a su niño. Debe alargar gradualmente el tiempo que espera antes de  ir  a  chequear  a  su  niño  cada  noche.  Por ejemplo, espere cinco minutos la primera noche, diez la segunda, y quince la tercera. El propósito de ir al cuarto del niño no es para  consolarlo  hasta  que  el  deja  de protestar o llorar. El propósito es para estar segura(o) de que el niño está bien (molesto, si, pero bien) y hacerle saber que usted no se ha olvidado de el. 
6. Si su niño o niña se sale de su cuarto, usted debe regresarlo(a) a la cama con poco contacto físico y decirle que debe permanecer en cama. Si su niño se sale repetidamente de su cuarto, considere cerrar la puerta con llave. El objetivo es ayudarlo a que aprenda a dormirse por si mismo. Cerrar la puerta es una forma de hacer cumplir esta regla y no es para castigarlo ni asustarlo. Si usted creé de verdad que su hijo está atemorizado, puede ofrecerle apoyo platicando con el a través  de  la  puerta  cerrada.  No  lo amenace ni le grite.
7. Observe el comportamiento.  Usted debe comenzar a observar un gran mejoramiento en el primer par de semanas de haber implementado el programa. 
8. Cambie la hora de acostarse. Después de observar progreso constante a la hora temporal de acostarse, lo que sigue es comenzar a cambiarla a la hora original. Empiece la hora de acostarse diez a quince minutos mas temprano hasta que llegue a la hora original. Si Ud. cambia la hora muy rápido, es probable que tenga  problemas. 
9. Es importante definir el progreso durante las primeras semanas del programa. En la mañana, elogie y premie a su niño (ej.: deje que el niño escoja entre sus dos comidas favoritas para desayunar) si  el  niño  permaneció  en  la  cama.  No sermoneé a su niño si la hora de acostarse no resultó muy buena. Concéntrese en las mejoras.
¿Cuál es la mejor hora para que se vayan a la cama?
El sueño es fundamental para el buen desarrollo de los niños. Un mal descaso repercute en su estado de ánimo volviéndoles más irritables y también en su salud, pues muchos estudios relacionan el déficit de sueño con una mayor predisposición a enfermedades y sufrir trastornos como por ejemplo la hiperactividad. La pregunta que nos hacemos todos los padres es a qué hora deben irse los niños a la cama para estar descansados al día siguiente.
Al igual que los adultos, no todos los niños necesitan dormir la misma cantidad de horas. Además de la diferenciación por edades, porque no duerme el mismo tiempo un bebé recién nacido que un niño de 5 años, cada pequeño tiene sus propias necesidades fisiológicas de sueño. Algunos se despiertan como una rosa después de dormir 8 horas mientras que otros necesitan 10 horas de sueño como mínimo.
De acuerdo a las diferentes edades de los niños se ha elaborado una guía estimativa de horas de sueño recomendadas. Así como se aconseja que los adultos duerman 8 horas diarias, cada rango de edad tiene su propia guía de horas.
De 0 a 6 meses: entre 16 y 20 horas a lo largo del día.
De 6 a 12 meses: 3 horas durante el día y 12 horas durante la noche.
De 1 a 3 años: entre 11 y 13 horas en la noche, la siesta es opcional.
De 3 a 5 años: entre 10 y 12 horas
De 6 a 9 años: alrededor de 10 horas
Como conclusión, vemos que no se recomienda que ningún niño menor de 9 años duerma menos de 10 horas. A partir de allí podemos calcular la mejor hora para que se vayan a la cama en función de a qué hora debe levantarse el niño al día siguiente.
Pauta Musical y Comerciales.
La mayoría de los niños se tienen que despertar entre las 7 y las 8 de la mañana según la cercanía a la escuela y el tiempo que tardan en preparase. En función de ello podemos restar las horas de vestirse, desayunar y trasladarse y calcular a qué hora debemos acostarlo.
Suponiendo, por ejemplo, el caso de los niños de entre 1 y 5 años que entran a la guardería o al colegio a las 9 de la mañana, si calculamos una hora de preparación y traslado, es decir que se despiertan a las 8 y debe dormir un promedio de 12 horas (los más pequeños reforzarán con una siesta), lo aconsejable es que se vayan a la cama entre las 08:00  hs y las 08:30 hs.
Hay niños que regulan ellos mismos sus tiempos de sueño. Es decir, duermen lo que necesitan y se duermen a la hora que “se caen de sueño” sin obligación de por medio. Pero no es lo mismo un niño que al día siguiente se queda en casa y si se ha dormido tarde no pasa nada, a lo sumo duerme una siesta más larga para recuperar, que uno que tiene que levantarse para ir a la guardería y tendrá un mal día si ha dormido poco.
Algunos no se levantan descansados si no les hemos acostado la noche anterior a determinada hora. Como dije al comienzo, cada niño es un mundo y es posible que con el tiempo si les acostamos todos los días a la misma hora, vayan acostumbrándose a regular sus horas de sueño de acuerdo a sus propias necesidades.
Lo más sensato es observar al niño para estimar las horas de sueño que necesita dormir cada noche. Si vemos que le cuesta levantarse por las mañanas deberemos adelantar la hora de irse a la cama, en cambio si vemos que se despierta antes de tiempo descansado, no habrá problema en que de alguna vueltita más por la noche.
Otro punto a matizar es que no es lo mismo acostarse que dormirse. Hay niños que se duermen enseguida mientras que otros dan vueltas un buen rato hasta cerrar los ojos. Tampoco es la misma situación todos los días, habrá días que estén más cansados, más estimulados o más excitados.
Por cierto, que la televisión antes de irse a la cama no ayuda en nada a facilitar que el niño se relaje para irse a dormir. Lo más aconsejable es evitar que vean la televisión en las últimas horas del día y sustituirla por un cuento en la cama.
Pauta que se debe seguir a la hora que el niño debe dormir:

Es importante que los padres hagan un ritual para ir a la cama, ya que seguir una rutina encaminada al descanso le ayudará al niño a sentirse mejor a la hora de dormir. A continuación,
te presenta un modelo de pauta que los padres pueden seguir para que el niño vaya a dormir:
  • Dar al niño una cena ligera y, por lo menos, dos horas antes de dormir
  • Darle al niño un baño tibio
  • Elegir la pijama de su preferencia
  • Leer el cuento favorito del niño
  • Ambientar el cuarto de la niña o niño de manera agradable
  • Arropar bien al niño
  • Colocar en la cama el amigo de cama favorito del niño (peluche, almohadita o sabanita)
  • Dar un beso al niño, despedirse y salir de la habitación
A continuación varias recomendaciones para que los hijos puedan ir a dormir a la hora designada por sus padres sin problemas:
Recomendaciones

1. No tener aparatos de diversión (televisión, juegos de video, computadoras, etc.) en las habitaciones de los niños.
2. Evitar que existan ruidos alrededor de las habitaciones de los niños.
3. Aumentar actividades en el día (juegos físicos o actividades extraescolares) para que el niño o niña tenga sueño a la hora de dormir.
4. Mantenerse firme en cuanto a la hora designada para dormir.
5. No castigar a un niño enviándolo a la cama. Si un niño empieza a asociar irse a la cama con pleitos o gritos, eso interferirá con el sueño. (Explicar mas)
 Una metodología para lograr el sueño

Según la especialista, la metodología propuesta por El Libro "Duérmete, niño", que incluye una serie de instrucciones precisas, se puede adaptar siempre que se cumpla un importante principio: el niño debe dormir en su propia cama, en su habitación, desde los tres meses. Los papás deben mostrarse muy seguros en enseñarle a quedarse tranquilo esperando que le llegue el sueño y no deben angustiarse. También los niños pueden tener elementos externos en los cuales apoyarse, como un osito de peluche o el chupete.


LAS PESADILLAS DE LOS NIÑOS



LAS PESADILLAS DE LOS NIÑOS
Los Niños vienen de la Luz de Dios, por eso le temen a la oscuridad
Miedos Nocturnos.
Para muchos chicos la noche se tiñe (Pinta) de miedos. Como habitualmente se encuentran solos y están a oscuras, dormir les resulta amenazante. Así, más que un momento de descanso y lindos sueños, las horas nocturnas transcurren de susto en susto. ¿Cómo vayudarlos? Con afecto, comprensión y apoyo.
El miedo en los niños es un sentimiento normal y que se manifiesta con frecuencia desde temprana edad. Primero a través del lenguaje gestual y no verbal, luego a través de la palabra y mediante determinadas conductas, los chicos expresan su temor ante distintas situaciones que varían de acuerdo a la edad.
LOS MIEDOS SEGÚN LOS AÑOS
  • Al primer año de vida el miedo suele aparecer ante ruidos o personas extrañas.
  • Los chicos de 2 a 6 años en general se asustan con las tormentas, la oscuridad, los animales, las imágenes de seres fantásticos o al estar separados de los padres.
  • Entre los 6 y 10 años, le suelen temer al daño físico, al ridículo, a las enfermedades o los accidentes, al fracaso escolar o a los problemas de pareja de los padres.
¿Por qué se asustan?
  • El miedo por la noche es recurrente en distintas edades. Generalmente, se produce porque el recuerdo (consciente o inconsciente) de alguna situación conflictiva que a su vez se combina con el hecho de encontrarse solos y a oscuras.
  • El riesgo de tener pesadillas es también un motivo de miedo, especialmente en los niños pequeños que aún no pueden diferenciar lo real de lo imaginario.
  • En los más grandes, el miedo a ser atacados mientras duermen y la imposibilidad de defenderse de los peligros representa una amenaza que hace de la noche un enemigo potencial.
  • Además, las vivencias personales, el tipo de contención que reciben de su entorno, la forma en que se relacionan con el mundo, un mal recuerdo, algún objeto, la cara de un muñeco ubicado frente a la cama o simplemente una mancha en la pared pueden disparar el miedo.
Durante la niñez, casi todos los niños tienen pesadillas ocasionalmente. Por lo general empiezan a los dos años pero son mas comunes en niños de tres a seis años de edad. No se sabe porqué los niños tienen pesadillas, pero se creé que están relacionadas con el estrés y la ansiedad que son parte del crecimiento en la vida de los niños.
Las pesadillas ocurren durante el sueño ligero. Muchos niños despiertan cuando tienen un mal sueño. A veces también se despiertan solos con sus movimientos o cuando platican, gritan, o lloran, lo que empeora el susto. Los niños que se despiertan solos pueden estar muy asustados, y puede ser difícil para los padres calmarlos. Puede ser que no se quieran volver a dormir.
Algunos niños tienen pesadillas mas seguido que otros. Un niño puede tener pesadillas solo pocas veces por año, y otro puede tenerlas mas seguido. En la mayoría de los casos los padres no se deben preocupar por la frecuencia de las pesadillas. Estas a menudo suceden en facetas, en las cuales los niños tienen una pesadilla cada noche de la semana, y después ninguna por semanas o meses.
Qué Hacer…
A continuación te ofreceré algunas cosas que los padres pueden hacer para calmar a sus niños cuando tienen pesadillas.
*Trate de prevenirlas. Los padres deben supervisar si los niños miran programas de terror o violentos en la televisión, especialmente cerca de la hora de irse a dormir. No es aconsejable dejar que los niños vean películas de terror ni tengan juegos de nintendo, donde haya mucha violencia, esto puede producir sueños agitados y pesadillas en los niños.
*Esté preparado. Las pesadillas no se pueden evitar en los niños. Es una buena idea para los padres planear para cuando ocurran. Ellos deben asegurarse de poder oír a sus hijos si lloran durante la noche. Si los cuartos de padres e hijos están en diferentes partes de la casa, un interfono sería de gran ayuda. Los padres deben asegurarse de que cualquier niñera que se quede con los niños pueda consolarlos si despiertan por una pesadilla.
*Atienda a sus hijos. Los padres deben atender a sus hijos lo más pronto posible. Los niños necesitan a sus padres para consuelo y ayuda.
*Permanezca con sus hijos. Aunque corra el riesgo de perder el sueño, es importante que los padres se queden con sus hijos hasta que se hayan calmado. Los padres deben quedarse con sus hijos, si parece que ellos se lo piden, hasta que se vuelvan a dormir. Algunas veces una actividad quieta como leer un libro ayuda a los niños a volverse a dormir.
Tranquilice a sus hijos. Los padres deben asegurarse de que sus hijos sepan que estarán protegidos. Deben hablarles a sus hijos con voz calmada y confortante. Deben hacer saber a sus hijos que se quedarán con ellos si así lo quieren. También deben decirles que está bien volverse a dormir.
*Mantenga la calma. Puede ser muy desconcertante para los padres el ser despertado súbitamente por los gritos y el llanto de sus hijos. Pero, si los padres están molestos, no importa cuán calmados traten de actuar, sus niños lo notarán. Puede ser que ellos se agiten más por la tensión de los padres. Los padres deben tratar de permanecer calmados para poder ayudar a sus hijos.
*Platique acerca de la pesadilla. Si los niños tienen la edad suficiente para hablar, los padres deben apoyarlos para que puedan platicar de su pesadilla. Muchos niños se acuerdan al día siguiente de sus pesadillas, así que se puede platicar sobre esto en la mañana después del mal sueño. Los padres deben apoyar a sus hijos para que piensen y discutan maneras de sobreponerse a las cosas que en el sueño los asustaron. Deben ayudarlos a que inventen un final feliz para el sueño. También deben respetar los deseos de sus hijos, si es que ellos no quieren discutir la pesadilla.

 Qué NO Hacer…
*No los despierte. Si los niños lloran pero están todavía dormidos cuando sus padres van a su cuarto, no es necesario despertarlos. Solo que los niños se vean demasiado agitados, es posible que la pesadilla pasará y los niños se volverán a dormir. Los padres deben quedarse con sus hijos hasta que despierten o se vuelvan a dormir en paz.
*No permita que sus hijos duerman con usted. No es buena idea que los padres se suban a la cama de sus hijos o que permitan que sus hijos se suban a la cama de ellos después de un mal sueño. Esto puede dar a los niños la impresión de que deben temer a sus propias camas. Esto también se puede convertir en un hábito difícil de romper.
*No les diga a sus hijos que las pesadillas no son reales. No es ayuda decirles a los niños que las pesadillas no son reales, o que fue "solo un sueño." A los niños, la pesadilla parece my real y los asustó mucho. En lugar de esto los padres pueden explicarles a sus hijos lo que es un sueño y que toda la gente los tiene.
Las pesadillas son una parte normal de la vida de casi todos los niños. Lo mejor que los padres pueden hacer para ayudar a sus hijos a sobreponerse a las pesadillas es buscar la manera de calmarlos y apoyarlos.
¿Cómo ayudarlos?
En todos los casos, la actitud de los adultos será la clave para que puedan relajarse y aprender a dormir sin tanto miedo. Hay que evitar desvalorizarlos o retarlos y recordar que las órdenes no quitan el miedo. En cambio, dialogar al respecto, indagar e intentar descubrir qué le pasa al niño es una medida apropiada y que ayudará a que, paulatinamente, aprenda a dormir solo y tranquilo. En este sentido, el afecto y el apoyo del adulto es muy importante para lograr el cambio.
Consejos:
1. Dormir con luz
Dejar una luz encendida se convierte en la salvación de muchos padres que, cansados y algo desesperados, ya no saben cómo convencer al niño para que permanezca en su cama sin temores. En realidad, dejar una luz tenue no es ni bueno ni malo: es sólo un recurso más que puede ser efectivo mientras se está investigando qué cosas le están pasando al niño. Lo importante es acompañarlo y demostrarle mucho amor, ayudarlo a que pueda expresar lo que le pasa y darle tiempo. Así, gradualmente, el niño irá ganando confianza y seguridad en sí mismo.
2. Chequear el ambiente
Existen pequeñas acciones que podemos tener en cuenta al preparar el cuarto de dormir. Se trata de revisar ciertos aspectos no sólo de la decoración del ambiente sino también de la manera en que el niño se acuesta. En ocasiones, los objetos que cuelgan de las paredes forman sombras que asustan a los niños. En esos casos, lo mejor es retirarlas por la noche o colocarlas definitivamente en otro lugar por un tiempo. Muchos niños se asustan cuando creen posible la presencia de “alguien” detrás del armario, debajo de la cama o tras la cortina. En realidad, el acto de encender la luz inmediatamente y chequear junto al niño que todo se encuentra en orden, es una medida tranquilizadora.
3. Cuidar las emociones
El entorno emocional que se genera alrededor del niño al momento de descansar es muy importante: la prisa por que se duerma, el fastidio de los adultos frente al cansancio del día y las peleas familiares a la hora de cenar o antes de acostarse repercuten en la manera en que el niño se predispone a dormir. Además, el quedarse solos, lejos de la mirada de mamá o papá les genera inseguridad, especialmente si son pequeños. En estos casos, abrazar a un osito u otro peluche suele ayudarlos a sentirse acompañados y protegidos.

4. La fuerza de las rutinas
Asimismo, rutinas como el infaltable beso de las buenas noches, la entonación de una suave canción de cuna o la lectura de un cuento agradable predisponen al niño para dormir mejor. Del mismo modo, que se encuentren cómodos y con el abrigo justo también ayudará a que no despierten por causa del frío o del calor. Recordemos que es importante evitar los entredichos o las discusiones antes de dormir y favorecer un clima de tranquilidad y seguridad que coopere con el buen descanso y disipe los miedos.
Los cuentos: ¿son útiles o no?
  • La lectura de cuentos suele ser un infaltable antes de dormir: desde los cuentos clásicos y las fábulas hasta las modernas y ágiles lecturas de hoy, los libros despiden el día y preparan al niño para el descanso.
  • Esta opción, que a los chicos habitualmente encanta, necesita ciertos recaudos. Si el momento de dormir es problemático y el miedo nocturno es una constante, la elección de la lectura ayudará a aumentar o disminuir esa tendencia.
  • Es aconsejable que los cuentos no tengan como protagonistas a personajes grotescos y que las historias ayuden a conciliar un sueño tranquilo, sin sobresaltos.
  • Además, buscar historias didácticas donde el miedo a la oscuridad o a las tormentas se trate educativamente también puede ayudar, especialmente si se leen en otro momento del día.
  • A veces a los chicos les es difícil poner en palabras lo que les sucede. En este sentido, el inventar el comienzo de un cuento y dejar que el niño complete el resto de la historia es una actividad que dispara la creatividad y libera las emociones de manera natural. Así, se ayuda al niño a hablar sobre aquello que lo preocupa sin caer en un diálogo difícil y muchas veces forzado.
Sin embargo, si los padres están preocupados por las pesadillas de sus niños, especialmente si los niños tienen otros problemas, es mejor consultar al doctor.
Como Padre y como Pastor le recomiendo, que siempre ore con su hijo y que él lo haga con usted, y dígale que el Angel del Señor lo va a estar acompañando, eso lo hará dormir mas confiado y de seguro ningún espíritu perturbador molestará a su hijo o hija mientras duerme. Cúbralo con la sangre de Cristo. Amen.